Los títulos LCI y LCA son inversiones de renta fija emitidas por entidades financieras y conocidas históricamente por exención del impuesto sobre la renta para particulares.
Con la nueva propuesta fiscal que entrará en vigor a partir de 2026, muchos inversores quieren saber qué cambia en la práctica, cómo afecta esto a la rentabilidad y si estos valores siguen mereciendo la pena.
Además de ser opciones conservadoras dentro de la renta fija, los LCI y los LCA suelen atraer a empresarios e inversores que buscan rentabilidad con la protección del Fondo de Garantía de Créditos y un menor impacto fiscal.
La duda ahora es cómo se verán afectados estos productos ante la nueva tributación 5% propuesta para los valores que actualmente están exentos.
En esta guía, entenderás qué son las ECL y las ECL, cómo funcionan, cuáles son sus ventajas y limitaciones, qué cambiará con la nueva fiscalidad en 2026 y cómo comparar estas inversiones con alternativas como los CDB y las cuentas de ahorro.
Resumen rápido: qué cambia con el ICV y el ACV en 2026
Si tienes prisa, aquí tienes lo más importante:
El LCI financia el sector inmobiliario; el LCA financia el sector agroindustrial. En la actualidad, los rendimientos están exentos del impuesto sobre la renta para las personas físicas. La propuesta para 2026 prevé un tipo impositivo del 5% sobre los rendimientos.
A pesar de los impuestos, los títulos LCI y LCA pueden seguir siendo competitivos. Para las personas jurídicas, estos títulos ya no ofrecen la misma ventaja fiscal que para las personas físicas.
¿Qué son el ICV y el ACV?
LCI son las siglas de Letra de Crédito Imobiliário y LCA de Letra de Crédito do Agronegócio. Ambos son títulos de renta fija emitidos por bancos y otras instituciones financieras para captar fondos que se destinarán a sectores específicos de la economía.
En el LCI, los fondos se destinan a la financiación inmobiliaria. En el LCA, los fondos captados se destinan a operaciones relacionadas con el sector agroindustrial. Desde el punto de vista del inversor, ambos funcionan de manera muy similar: prestas dinero a la entidad financiera y recibes intereses a cambio.
Estos valores se comparan a menudo con los CDB porque también forman parte de la renta fija bancaria. La principal diferencia histórica ha sido siempre la exención del impuesto sobre la renta de las personas físicas, un factor que ha contribuido a hacer muy atractivos los ICL y los ACV en diversos escenarios de mercado.

Estos valores se comparan a menudo con los CDB porque también forman parte de la renta fija bancaria. La principal diferencia histórica ha sido siempre la exención del impuesto sobre la renta de las personas físicas, un factor que ha contribuido a hacer muy atractivos los ICL y los ACV en diversos escenarios de mercado.
¿Cómo funciona en la práctica?
Al invertir en LCI o LCA, se invierten fondos durante un plazo determinado y se obtiene una remuneración que puede ser fija, variable o híbrida. En muchas ofertas, el tipo de interés está vinculado al CDI, como 90%, 95% o 100% del CDI.
En la práctica, el banco utiliza el dinero captado para financiar operaciones relacionadas con el sector inmobiliario o el sector agroalimentario y te remunera según el tipo de interés acordado. A cambio, debes respetar el plazo del producto y, en muchos casos, el periodo de carencia para el rescate.
Ejemplo:
Si una ICL paga 95% del CDI y el CDI ronda los 13% anuales, el rendimiento bruto aproximado sería de 12,35% anuales. Para las personas físicas, este rendimiento ha sido históricamente neto del impuesto sobre la renta con arreglo a las normas actuales.
El LCI y el LCA cuentan con la cobertura del Fondo de Garantía de Créditos, respetando los límites vigentes por entidad financiera y por CPF. Esta característica refuerza la percepción de seguridad de estos productos dentro de la renta fija.
Ventajas e inconvenientes del ICL/ACV
Ventajas
- Exención del impuesto sobre la renta para las personas físicas según la normativa vigente;
- Protección del Fondo de Garantía de Créditos dentro de los límites vigentes;
- Riesgo generalmente bajo en comparación con inversiones más volátiles;
- Rentabilidad que suele ser competitiva en comparación con los CDB y las cuentas de ahorro;
- Una buena alternativa para constituir una reserva o una cartera conservadora con un plazo determinado.
Desventajas
- Menor liquidez que la de los productos con reembolso diario;
- Es necesario respetar el plazo de carencia o el vencimiento;
- La tasa nominal no siempre supera las buenas ofertas de CDB con impuestos;
- Reducción de la ventaja fiscal para las personas jurídicas;
- Con el nuevo régimen fiscal, los beneficios netos tienden a disminuir en comparación con el modelo actual.
¿Siguen mereciendo la pena la ICV y la ECV?
En muchos casos, sí. Incluso con la fiscalidad propuesta para el 5% a partir de 2026, las ICL y las ICL pueden seguir siendo buenas opciones para los inversores que buscan seguridad y rendimientos netos competitivos.
La decisión depende de los tipos ofrecidos en el momento de la solicitud, el plazo, la liquidez y la comparación con otros productos de renta fija. Un bono exento siempre tiene una ventaja significativa sobre los productos gravados, e incluso con impuestos reducidos esta diferencia puede seguir existiendo en varios escenarios.
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Fiscalidad del 5% a partir de 2026: qué cambia en la práctica
El principal cambio propuesto es el fin de la exención total para las personas físicas en estos valores. A partir de 2026, la idea es aplicar un tipo impositivo del 5% a las rentas procedentes de ECL y ECL, así como a otros valores actualmente considerados incentivados.
Esto significa que dejarás de recibir el 100% de la renta neta. Aun así, la tributación propuesta es mucho menor que la que se aplica a las inversiones tradicionales de renta fija, que siguen una escala regresiva y pueden estar sujetas a un tipo impositivo de entre el 15% y el 22,5%, en función del plazo.
Echa un vistazo al resumen de los cambios:
Antes: exención total para las personas físicas. A partir de 2026: propuesta de un tipo impositivo del 5% en el impuesto sobre la renta. Efecto práctico: reducción de la ventaja, pero no eliminación de la competitividad.
Por lo tanto, el impacto real dependerá del tipo contratado y de la comparación con otros productos disponibles en el mercado en el momento de la decisión.
Personas físicas frente a personas jurídicas: lo que los empresarios deben saber
Un punto importante para los empresarios es que la ventaja fiscal de las ICL y las ICL siempre ha sido más relevante para los particulares. Para las empresas, estos títulos no tienen las mismas ventajas fiscales y suelen recibir el mismo trato que otras inversiones de renta fija.
Esto significa que muchos empresarios evalúan las ECL y las ECL principalmente para los particulares, mientras que para la tesorería de la empresa la comparación suele tener que considerar otras alternativas de inversión, la liquidez y la fiscalidad.
El análisis adecuado varía considerablemente en función de quién sea el inversor: si se trata de una persona física (el empresario) o de una persona jurídica (la empresa).
LCI y LCA frente a CDB y cuentas de ahorro
Producto | Fiscalidad de la FP | Liquidez | Observación |
LCI/LCA | Exento hoy; propuesto 5% en 2026 | Normalmente más pequeños | Buena relación entre seguridad y rentabilidad neta |
CDB | Tabla regresiva del impuesto sobre la renta | Puede tener liquidez diaria | Flexible, pero sujeto a una fiscalidad más elevada |
Ahorro | Exento | Alta | Menor rentabilidad en muchos escenarios |
Esta comparación demuestra por qué el ICL y el ACV siguen siendo pertinentes: ocupan un interesante término medio entre seguridad, rendimiento y simplicidad. Incluso con la nueva fiscalidad, el análisis debe basarse en el rendimiento neto final.

Cómo evaluar si esta inversión tiene sentido
Compara el tipo de interés ofrecido con los CDB y otras alternativas de renta fija; ten en cuenta el plazo de carencia y el vencimiento del título; analiza la diferencia entre invertir como particular y como persona jurídica; ten en cuenta el cambio fiscal de 2026 en la calculación de la rentabilidad neta; evita tomar una decisión basándote únicamente en la exención fiscal o en el nombre del producto.
Este análisis es especialmente importante para los empresarios que buscan una mayor eficiencia en la gestión de la tesorería y la asignación temporal de recursos.
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Preguntas frecuentes sobre el ICL y el ACV
Depende del producto y de las condiciones contratadas. Muchos productos LCI y LCA tienen un periodo de carencia, lo que significa que no puedes rescatar antes de un plazo mínimo (normalmente de 90 días a 1 año) sin perder los intereses. Si intentas rescatar durante el periodo de carencia, el banco solo te devuelve el importe invertido, sin rendimiento. Una vez transcurrido el periodo de carencia, podrás rescatar el producto, pero es posible que recibas unos intereses reducidos o proporcionales al tiempo que hayas mantenido el dinero invertido. No todos los títulos permiten el rescate anticipado; algunos solo liberan el dinero al vencimiento. Por eso, es importante comprobar las condiciones específicas antes de invertir.
Sí, y esa es una estrategia inteligente. El FGC cubre hasta R$ 250 mil por CPF en cada entidad financiera. Esto significa que si inviertes R$ 250 mil en LCI en el Banco A y R$ 250 mil en LCA en el Banco B, ambas inversiones están totalmente protegidas. Puedes repartir tus inversiones entre varios bancos para aumentar la cobertura total. Pero cuidado: si inviertes 300 mil R$ en LCI en el mismo banco, solo estarán protegidos 250 mil R$; el resto quedará sin cobertura. El consejo es no concentrar demasiado dinero en una sola entidad.
El FGC es un fondo creado por los bancos para proteger a los inversores en caso de quiebra o liquidación de una entidad financiera. Cubre hasta R$ 250 000 por CPF por entidad. Esto se aplica a los LCI, LCA, CDB y otros depósitos. Si el banco quiebra, el FGC te reembolsará hasta ese límite. La cobertura es automática: no tienes que hacer nada más que tener el dinero invertido. Importante: el límite es por CPF y por banco, no por tipo de inversión. Por lo tanto, si tienes 150 mil R$ en LCI y 150 mil R$ en CDB en el mismo banco, estás protegido por un total de 250 mil R$, no por 300 mil R$.
En la cuenta con tipo de interés fijo, sabes exactamente cuánto vas a recibir al vencimiento: el tipo de interés se fija en el momento de la contratación. Si contratas un 12% al año, recibirás exactamente esa cantidad, independientemente de lo que ocurra con los tipos de interés del mercado.
En los bonos de tipo de interés variable, el rendimiento está vinculado a un índice, normalmente el CDI. Se recibe un porcentaje del CDI (como 90% o 100%), y el importe final depende de la evolución del CDI durante el periodo. Si el CDI sube, ganas más; si baja, ganas menos.
En la híbrida, se combinan ambas: una parte es prefijada y otra es posfijada. Por ejemplo, 8% prefijado + 50% del CDI.
¿Cuál es la mejor opción ahora? Eso depende de tus expectativas respecto a los tipos de interés. Si crees que los tipos van a bajar, la hipoteca a tipo fijo es la mejor opción: te aseguras un tipo alto. Si crees que van a subir, la hipoteca a tipo variable es más interesante: te beneficias de las subidas. En situaciones de incertidumbre, la hipoteca híbrida ofrece un equilibrio. Lo ideal es analizar los tipos que se ofrecen en este momento y compararlos con las expectativas del mercado.
No es posible transferir el título en sí. Las LCI y las LCA son títulos específicos de cada banco y no pueden trasladarse a otra entidad. Lo que sí puedes hacer es liquidar la inversión (si está permitido y sin penalizaciones) e invertir el dinero en una nueva LCI o LCA en otro banco que ofrezca un tipo de interés más favorable. Pero ten cuidado con el periodo de carencia: si lo rescates antes del plazo mínimo, puedes perder los intereses. La mejor estrategia es evaluar bien los tipos de interés antes de invertir y, para futuras inversiones, buscar siempre las mejores condiciones disponibles en el mercado.




